En la vejez uno se adapta al hecho de que la gente lo trate bien y con cierta condescendencia.
Habrán visto la película de Murnau, Nosferatu. Aquel espectro no es muy deiferente a mí, con mi rostro apergaminado y color cal. Y yo tambien soy flaco. En la canícula, apenas se me ve de tan flaco. Y si miran por el escaparate de un lugar oscuro y ocurre que yo estoy dentro, mi rostro les asustará, saliendo como algo blanco y decrépito de entre las sombras.
Vivo en una ciudad tambien decrépita, con estrechas calles de muros desconchados, en donde gatos a veces sarnosos se agazapan por los rincones verdes de musgo. Pero una ciudad decrépita es romántica. Un hombre decrépito, solamente una ruina.
El mundo ha cambiado. Todo es triste. La gente es abusiva. La comida es vomitiva. Todo es demasiado caro. Estamos en manos de los negociantes, y se nota, La sombra de la mezquindaz y la ignorancia ha caído sobre el mundo. Yo me siento en el banco del parque y si hay brisa me parece que soy parte de la hierba que se mece.Me pongo las manos en las rodillas. La gente al pasar me mira con compasión. Quizá con rencor- pero a eso de las cinco, con el fresco de la tarde, se acerca Anette. Ella es la pureza y la exhuberancia. Se sienta a mi lado, y yo soy la corrupción. Es esbelta. Me sonríe con su rostro de ángel.
Anette tendrá 25 años. No he conocido nunca a nadie tan absolutamente hermosa. lleva una falda bastante corta, y sus muslos son el sueño de Donatello. Me he dormido evocandolos, moviendose sinuosamente en una sombra sedosa.
La relación es peculiar.
-¿Cómo se siente hoy, viejo de mierda?- me pregunta
- Como un cajón lleno de recuerdos tristes y de telas de araña.- respondo- Sin embargo, tu presencia me ha dado una erección perfectamente saludable, e innegable.
- Es usted un vampiro. Solo que prefiere que yo se la chupe, ¿No es verdad?-dice
- Así es, mi querida joven.- le contesto- Aún más, me agradaría llevarla conmigo a mi cripta y allí practicar algunas cosas socialmente muy cuestionables.
-¡Qué cerdo!- exclama Anette.
Nunca nos tocamos. Apenas nos miramos.
Ella es la exhubernacia. Sus pechos son como la primavera, pingües, aromáticos, Sus muslos, sus muslos...del tono de la miel.
Y yo soy el vacío.
Ella siente deseos de revivirme, de llenarme. Yo, de acojerla en mi mente cavernosa.
Como Nosferatu. Justamente como el Nosferatu de Marnau.
Mis dedos helados, llenos de reúma, recorren, en mi imaginación, la carne prieta de la muchacha y la penetran- La noto trembalr, como si esto estuviera ocurriendo realmente.
pero ella ya se ha levantado. Se aleja, sin mirar hacia atrás..
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