Llego a la piscina temprano. La vasta extensión de hierba que la rodea aún está humeda de rocío .
La piscina es azul, fría, enorme.
Llevo poco: una mochila de tela con la toalla, el gorro de nadar, bañador, y una libreta por si me da por escribir tirado en el cesped.
La piscina está cerca de un hangar con pistas de despegue y aterrizaje para avionetas pequeñas. Se oye el ronroneo de algunos aparatos en el cielo. Desde allí arriba las vistas serán preciosas.
Tengo cincuenta y tres años. Toda la vida hice deporte. Estoy en buena forma. Ni un quilo de más. Debo decir que me gusta la soledad, la pureza de la soledad. Por eso acudo a la piscina tan temprano, cuando no hay nadie, o casi nadie.
El verano pasado venía con mi mujer y mi hijito de cuatro años. Ahora ya no están. A veces oigo la risa del pequeño en algún lugar cercano. Pero sé que se trata de un truco de la memoria.
Aún así, mi corazón se inunda entonces de pena, igual que la piscina rebosa de agua hasta los bordes. El agua es como las lágrimas.
Hay grandes claros en el cielo, hoy. Es un día espléndido.
Un hombre en quine no me había fijado se zambulle en el agua. Bucea unos segundos, emerge y da unas brazadas. Lleva un gorro de nadar verde ajustado al cráneo.El sol le da de lleno en los ojos, que son del color azul del agua.
Me mira desde el agua fijamente, pero sin expresión alguna. Yo le devulevo la mirada. Debe tener más o menos mi edad. Y está solo. Quizá su familia tambien está lejos. Nunca se sabe.
¿Sería lógico que nos saludasemos, siendo las únicas personas en la piscina? No lo hacemos.
guardamos una distancia calculada, dos animales que no se fían uno del otro. pero nos observamos con curiosidad, en el silencio de la mañana iluminada.
Sabemos que somos los animales más peligrosos del mundo. ¿Para qué arriesgarse? Nos dejamos estar. creo que nuestras memorias son parecidas, igual de amargas.
Vuelvo a oir una risa de niño. Vulvo la cabeza, auscultando los rincones sombríos bajo los setos.
El hombre ha leído mis pensamientos. De pronto, en sus ojos, he visto la mirada fugaz de otro niño que tambien está lejos.
Ahora nos reconocemos: hombres solos, perdidos.
viernes, 29 de julio de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
KALIOPE
Tenía el cabello de un rubio como de trigo a mediados de verano, y los ojos verdes. Y se llamaba Kaliope. Oriunda de Esparta.
La conocí en un bar de Oviedo. Le confesé que para mí no existe escritor más admirable que Nikos Kazantzakis, ni sonido más evocativo que el de un Bazouki al lado del mar. Ni gente más abierta y echada para alante que la gente griega. Y es cierto. Ella me besó en la frente y me dijo susurrando: "esta noche dormiré contigo"
Cuando los griegos beben siempre se presenta un punto donde la amistad se manifiesta con contacto, así que la hermosa joven, fuerte como una diosa, puso su brazo en torno a mi hombro,y , con una sonrisa en la boca, me sacó a bailar. A bailar un baile griego, de esos en que la gente se agarra de las manos y se mueve en vaivén como las olas del mar, solo que al ritmo salvaje del rock de Nina Hagen.
Nos hicieron un espacio en la pista. Otra gente se unió a nosotros. De pronto, la música cambió. Sí, ahora eran las eternas notas que exaltan el alma como el vino del Peloponeso, la gran tonada para instrumentos de cuerda de Thedeorakis, Zorba el griego. Y de pronto todos los presentes, en la oscuridad del bar, flotabamos como en las aguas de un amniótico Egeo, del mar del psíque, un mar del espíritu.
La música griega nos exalta. Tiene una mágia especial. Kaliope se quita los zapatos y baila descalza. Su belleza parece proceder de tiempos remotos. Su cabellera ondulada vuela en el aire como un fuego en la oscuridad y sus ojos son verdes, verdes como los de Athenea, con el verdor de las leyendas.
Kaliope baila en la sombra, entre las sombras, y su cuerpo adquiere la sinuosidad y el brillo de una llama, de una pira nocturna. La veo bailar, cada vez más intensamente y, de alguna forma, cada vez más lejana.
Ha prometido acostarse conmigo. Lo cual sería ciertamente un regalo del paraíso. Según danza, la falda de Kaliope se le sube por encima de los muslos, dejando ver unas piernas que son el sueño de Donatello, los muslos más bien formados del universo, la dulzura hecha carne.
Hay hermosuras que llevan al enamoramiento empedernido, al deseo del imposible, a la tristeza más sublime. Y de esa ídole era la belleza de Kaliope.
Me alejé, sin que ella se diese cuenta. Salí del bar. Me dirigí, solo, a mi casa por las calles que amanecían.
Soñé con un mar del color del lapislázuli, limitado por montañas de nieve pristína. Había un malecón de marmol blanco, con tres finísimas columnas dóricas y un caballo color nube, y una mujer que, andando descalza sobre el frío suelo, lo conducía tirando de las riendas de oro.
El sueño de Kaliope, a quien no vi nunca más, a quien preferí soñar que convertir en realidad con mis groseras manos.
La conocí en un bar de Oviedo. Le confesé que para mí no existe escritor más admirable que Nikos Kazantzakis, ni sonido más evocativo que el de un Bazouki al lado del mar. Ni gente más abierta y echada para alante que la gente griega. Y es cierto. Ella me besó en la frente y me dijo susurrando: "esta noche dormiré contigo"
Cuando los griegos beben siempre se presenta un punto donde la amistad se manifiesta con contacto, así que la hermosa joven, fuerte como una diosa, puso su brazo en torno a mi hombro,y , con una sonrisa en la boca, me sacó a bailar. A bailar un baile griego, de esos en que la gente se agarra de las manos y se mueve en vaivén como las olas del mar, solo que al ritmo salvaje del rock de Nina Hagen.
Nos hicieron un espacio en la pista. Otra gente se unió a nosotros. De pronto, la música cambió. Sí, ahora eran las eternas notas que exaltan el alma como el vino del Peloponeso, la gran tonada para instrumentos de cuerda de Thedeorakis, Zorba el griego. Y de pronto todos los presentes, en la oscuridad del bar, flotabamos como en las aguas de un amniótico Egeo, del mar del psíque, un mar del espíritu.
La música griega nos exalta. Tiene una mágia especial. Kaliope se quita los zapatos y baila descalza. Su belleza parece proceder de tiempos remotos. Su cabellera ondulada vuela en el aire como un fuego en la oscuridad y sus ojos son verdes, verdes como los de Athenea, con el verdor de las leyendas.
Kaliope baila en la sombra, entre las sombras, y su cuerpo adquiere la sinuosidad y el brillo de una llama, de una pira nocturna. La veo bailar, cada vez más intensamente y, de alguna forma, cada vez más lejana.
Ha prometido acostarse conmigo. Lo cual sería ciertamente un regalo del paraíso. Según danza, la falda de Kaliope se le sube por encima de los muslos, dejando ver unas piernas que son el sueño de Donatello, los muslos más bien formados del universo, la dulzura hecha carne.
Hay hermosuras que llevan al enamoramiento empedernido, al deseo del imposible, a la tristeza más sublime. Y de esa ídole era la belleza de Kaliope.
Me alejé, sin que ella se diese cuenta. Salí del bar. Me dirigí, solo, a mi casa por las calles que amanecían.
Soñé con un mar del color del lapislázuli, limitado por montañas de nieve pristína. Había un malecón de marmol blanco, con tres finísimas columnas dóricas y un caballo color nube, y una mujer que, andando descalza sobre el frío suelo, lo conducía tirando de las riendas de oro.
El sueño de Kaliope, a quien no vi nunca más, a quien preferí soñar que convertir en realidad con mis groseras manos.
sábado, 23 de julio de 2011
NIÑO
Si se acerca la pena
yo me salgo
de mi cuerpo a los días
oceánicos:
y vuelto luz y espuma
con las olitas bailo.
Allí siempre me encuentro
tus ojos aguardando:
ellos le dan al agua
sus brillos acerados,
sus alas de ventisca,
sus impetus de pájaro.
Amor, estás tan lejos
pero me estás tocando.
Corro hacia la mar triste
y corres a mi lado.
Tu risa cubre el mundo
del futuro al pasado.
Tus huella pequeñitas
la arena van hoyando.
¡ Oh capitán pirata
con tu espada de palo!
yo me salgo
de mi cuerpo a los días
oceánicos:
y vuelto luz y espuma
con las olitas bailo.
Allí siempre me encuentro
tus ojos aguardando:
ellos le dan al agua
sus brillos acerados,
sus alas de ventisca,
sus impetus de pájaro.
Amor, estás tan lejos
pero me estás tocando.
Corro hacia la mar triste
y corres a mi lado.
Tu risa cubre el mundo
del futuro al pasado.
Tus huella pequeñitas
la arena van hoyando.
¡ Oh capitán pirata
con tu espada de palo!
viernes, 22 de julio de 2011
EL LIMITE
Soy un tipo normal. Por eso, debe entenderse que siempre me preocupé de guardar las normas, los requerimientos sociales. Lo que significa que nunca he dejado entrever, en mi apariencia o comportamiento, nada de la inicua condición natural al ser humano. Sabemos que ser normal quiere decir precisamente ocultar civilizadamente todas las caracteristicas tristes o vergonzosas de nuestra debil espécie.
En mi imaginación, o sea, en la vida real, soy muchas cosas: ángel, ballena, vampiro.
En mi vida cotidiana, o sea, en la irreal, soy profesor de idiomas.
Hace años que mi matrimonio se fué al carajo, y otros tantos que estoy enamorado en secreto, y perdidamente, de una de mis alumnas.
No se solivianten: no es una jovencita- es una treintañera sin talento alguno para las lenguas, pero muy hermosa. Ella no sabe que la deseo, y yo no tenía intención de decirselo.
Pero el otro día me ocurrió algo.
Una acerba tristeza, un sentimiento parecido a la desesperación, me invadió de repente, y perdí como por arte de birlibirloque mi habitual capacidad de comportarme correctamente.
Un extraño demonio burlón me hizo echar toda s mis preocupaciones por la borda, y salí de casa dispuesto a hacer algo inusitado en mí: ponerme hasta las orejas de alcohol y darme a la profunda melancolía del verdadero borracho.
Me fuía a la zona vieja. Bebí copiosamente, rapido y sin descanso, en absoluta soledad.
Soy un tipo fuerte, corpulento. Mis modales más bien modestos y timidos hacen que la gente casi no lo note. Pero cuando aquella noche me dió por desatarme a bailar frenéticamente y cantar a voz en grito por las calles del centro, moviendo las manos como un gran espantapájaros en el viento, supe que todo mi poder físico estaba a la vista. Lo supe porque la gente salía huyendo en desbandada. Huían de mi realmente. No como se apartan, con cierto asco, de los borrachos de siempre, sino como si estuvieran ante una peligrosa fuerza de la naturaleza.
Y yo me regodeaba en mi locura. Mi locura que en aquellos momentos me parecía divina: la gente huía de mi, aterrorizada, y yo rugía en mitad de la civilizaciín como un oceáno de espanto. Nunca había sido tan libre y feliz, aunque sabía que aquel desmadre solo era una manifestación de mi profunda soledad, de mi mortal tristeza. Nadie en el mundo me quería, y yo me alzaba como un monstruo despreciado, lleno de rabia y furia.
Era, en realidad, la vida misma, el payaso que describió Shakespeare: " an idiot, full of sound and fury, signifying nothing"
En algún punto de aquella noche, entre las nieblas del alcohol, vi que una bella mujer se acercaba a mi, lentamente, alguien que no me temía.
Era mi estudiante. Sonreía como si todo aquello la diviertiera sobremanera.
- Profe-me dijo- ¿Por qué quiere morirse?
- Bueno- contesté- estoy mostrándole al mundo, por vez primera, mi verdadera cara, la careta tragicómica que soy...
- ¿Usted me ama, verdad ?
- Así es.
- Y yo a usted. Menos mal que se emborrachó para poder decirmelo, sino nunca nos habríamos enterado.
Y fué aquella la primera noche en muchos años en que dormí con una hermosa mujer, aunque yo estaba demasiado ebrio para hacer nada significativo.
En mi imaginación, o sea, en la vida real, soy muchas cosas: ángel, ballena, vampiro.
En mi vida cotidiana, o sea, en la irreal, soy profesor de idiomas.
Hace años que mi matrimonio se fué al carajo, y otros tantos que estoy enamorado en secreto, y perdidamente, de una de mis alumnas.
No se solivianten: no es una jovencita- es una treintañera sin talento alguno para las lenguas, pero muy hermosa. Ella no sabe que la deseo, y yo no tenía intención de decirselo.
Pero el otro día me ocurrió algo.
Una acerba tristeza, un sentimiento parecido a la desesperación, me invadió de repente, y perdí como por arte de birlibirloque mi habitual capacidad de comportarme correctamente.
Un extraño demonio burlón me hizo echar toda s mis preocupaciones por la borda, y salí de casa dispuesto a hacer algo inusitado en mí: ponerme hasta las orejas de alcohol y darme a la profunda melancolía del verdadero borracho.
Me fuía a la zona vieja. Bebí copiosamente, rapido y sin descanso, en absoluta soledad.
Soy un tipo fuerte, corpulento. Mis modales más bien modestos y timidos hacen que la gente casi no lo note. Pero cuando aquella noche me dió por desatarme a bailar frenéticamente y cantar a voz en grito por las calles del centro, moviendo las manos como un gran espantapájaros en el viento, supe que todo mi poder físico estaba a la vista. Lo supe porque la gente salía huyendo en desbandada. Huían de mi realmente. No como se apartan, con cierto asco, de los borrachos de siempre, sino como si estuvieran ante una peligrosa fuerza de la naturaleza.
Y yo me regodeaba en mi locura. Mi locura que en aquellos momentos me parecía divina: la gente huía de mi, aterrorizada, y yo rugía en mitad de la civilizaciín como un oceáno de espanto. Nunca había sido tan libre y feliz, aunque sabía que aquel desmadre solo era una manifestación de mi profunda soledad, de mi mortal tristeza. Nadie en el mundo me quería, y yo me alzaba como un monstruo despreciado, lleno de rabia y furia.
Era, en realidad, la vida misma, el payaso que describió Shakespeare: " an idiot, full of sound and fury, signifying nothing"
En algún punto de aquella noche, entre las nieblas del alcohol, vi que una bella mujer se acercaba a mi, lentamente, alguien que no me temía.
Era mi estudiante. Sonreía como si todo aquello la diviertiera sobremanera.
- Profe-me dijo- ¿Por qué quiere morirse?
- Bueno- contesté- estoy mostrándole al mundo, por vez primera, mi verdadera cara, la careta tragicómica que soy...
- ¿Usted me ama, verdad ?
- Así es.
- Y yo a usted. Menos mal que se emborrachó para poder decirmelo, sino nunca nos habríamos enterado.
Y fué aquella la primera noche en muchos años en que dormí con una hermosa mujer, aunque yo estaba demasiado ebrio para hacer nada significativo.
BUEN VINO
Quiero llorar aquí. Poner las tripas sobre la mesa. Me da la gana.
Sepan que yo les odio. Solo por estar ahí les odio, hijos de puta.
Como ustedes, yo mamé la leche del desprecio. Me enseñaron a despreciarme a mí mismo, y a los otros.A los vivos, y a los muertos.
Cuando a uno le amamantan con inquina, ya no vuelve a querer.
Yo bebo para para que el odio, sobrio y frío, no me lleve a hacerle violencia a ningún otro, aunque todos se lo merezcan.
Le pregunté al cura del pueblo: "¿Cómo puedo dejar de odiarme y de odiar?"
Y el me dijo, " lo único bueno que tenemos aquí, hijo, es el vino. Hazte un favor a tí mismo y traga vino hasta morirte"
Sepan que yo les odio. Solo por estar ahí les odio, hijos de puta.
Como ustedes, yo mamé la leche del desprecio. Me enseñaron a despreciarme a mí mismo, y a los otros.A los vivos, y a los muertos.
Cuando a uno le amamantan con inquina, ya no vuelve a querer.
Yo bebo para para que el odio, sobrio y frío, no me lleve a hacerle violencia a ningún otro, aunque todos se lo merezcan.
Le pregunté al cura del pueblo: "¿Cómo puedo dejar de odiarme y de odiar?"
Y el me dijo, " lo único bueno que tenemos aquí, hijo, es el vino. Hazte un favor a tí mismo y traga vino hasta morirte"
jueves, 21 de julio de 2011
miércoles, 20 de julio de 2011
I have decided---
I´ve just decided to die
I´ve decided to die for a couple of minutes-
I know I have to die sometime.
but nevertheless I think I will die now just for a couple of minutes.
Can you die when you still have a feeling for beauty?
Can you, when you are in love?
Can you when your beautiful child is turning five in a few days?
There is a shattered sun bleeding.
There is an ocean that stole the colour of your eyes
and mimicks your grace, the liar.
There is an old man who paints young girls and is hated for that.
There is Boticelli, whom nobody blames.
And Donatello, praise worthy for ever.
And Ludwig, fighting at court for custody of a child.
Half mad, half blind, writing the Ninth Symphony
as he fades into Eternity.
There is a child waiting for me
and I cannot come.
I am bound to a metal bed
and I cannot come.
I am going to drink wine and die, die for a couple of minutes.
Fuck you if you mind the bagpipes screeching...
I´ve decided to die for a couple of minutes-
I know I have to die sometime.
but nevertheless I think I will die now just for a couple of minutes.
Can you die when you still have a feeling for beauty?
Can you, when you are in love?
Can you when your beautiful child is turning five in a few days?
There is a shattered sun bleeding.
There is an ocean that stole the colour of your eyes
and mimicks your grace, the liar.
There is an old man who paints young girls and is hated for that.
There is Boticelli, whom nobody blames.
And Donatello, praise worthy for ever.
And Ludwig, fighting at court for custody of a child.
Half mad, half blind, writing the Ninth Symphony
as he fades into Eternity.
There is a child waiting for me
and I cannot come.
I am bound to a metal bed
and I cannot come.
I am going to drink wine and die, die for a couple of minutes.
Fuck you if you mind the bagpipes screeching...
el hijo ausente
Tu ausencia me abraza:
es un dolor de la carne.
Soledad, abrasada en fiero sol vacío.
Silencio. Lumbre de la nada
colgando de mis parpados
como lagrima de fuego.
Para la hierba aterida de hogueras
tu ausencia es un peso insufrible
que la impide respirar.
El tiempo, cómo ha marcado mi lomo
con latigazos de fuego.
Fuego- pena,sangre-pena-fuego-
dolor de ausencia, ausencia de duro fuego.
Entre mis dedos sofocados, anegados,
la falta de tu hermosa quema como una
herida-lumbre, pena de fuego, fuego.
La realidad que ya no contiene tu rostro, mis manos vacías de tí,
ávidas de tí.
Palpo cuidadosamente este perfil de tu ausencia,
cuidadosamente como si pudiera quebrarse-
Te toco casi casi te siento.
Oh rostro niño!
Oh capitán pequeño!
Cabello oloroso a era calida en el viento.
Tu ausencia a mi amor quema como un fuego.
Tu falta me hiere la mente como un ramalazo de fuego.
es un dolor de la carne.
Soledad, abrasada en fiero sol vacío.
Silencio. Lumbre de la nada
colgando de mis parpados
como lagrima de fuego.
Para la hierba aterida de hogueras
tu ausencia es un peso insufrible
que la impide respirar.
El tiempo, cómo ha marcado mi lomo
con latigazos de fuego.
Fuego- pena,sangre-pena-fuego-
dolor de ausencia, ausencia de duro fuego.
Entre mis dedos sofocados, anegados,
la falta de tu hermosa quema como una
herida-lumbre, pena de fuego, fuego.
La realidad que ya no contiene tu rostro, mis manos vacías de tí,
ávidas de tí.
Palpo cuidadosamente este perfil de tu ausencia,
cuidadosamente como si pudiera quebrarse-
Te toco casi casi te siento.
Oh rostro niño!
Oh capitán pequeño!
Cabello oloroso a era calida en el viento.
Tu ausencia a mi amor quema como un fuego.
Tu falta me hiere la mente como un ramalazo de fuego.
jueves, 14 de julio de 2011
FOLLANDO A ANETTE
Me he llevado a Anette a Madrid, a un hotel de cinco estrellas en la calle Goya.
Cuando las recepcionistas, chicas guapas con morbo de azafatas, ven entrar a un cincuentón acompañado de una chica con piernas largas y pechos comparable a los de cualquier sex symbol, se imaginan lo mejor. Dinero, Dom Perignon, buena coca y sexo sin compromiso, largas tardes soñolientas con las tetas al aire en algún lugar de la Costa Azul. Sobre todo, una vida resuelta, y aquella película, Viuda Negra, con Kathleen Turner cuando tenía las piernas más guapas del mundo y el wiski todavía no le había embotado la cara. Se ven a ellas mismas asesinando al cincuentón de mil maneras diferentes y sutíles, y jubilandose en Hawaii a los veintisiente con toda una fortuna heredada del simplón.
Por eso una sonrisa de una recepcionista de hotel de cinco estrellas de verdad, siempre es algo inquietante.
Anette es un bombón y no se deja intimidar por la rubia detrás del mostrador. Hay una tensión eléctrica entre las dos. La rubia me entrega la tarjeta- llave de la suite, mirandome a los ojos. Leo su mirada, que me dice:"ya me imagino las guarradas que vais a hacer en esa suite de lujo" y le contesto con la mía " si te apetece, mando a esta de compras un ratito y te subes a hacerme una mamada. Ya sabes que el cielo está siempre en un tercer piso"
Subimos.
Anette se quita la blusa y el sostén. Lo cierto es que hace calor. Enciende un pitillo. Por sus gestos al fumar se ve que es una chupona de lo más avezada. Entorna languidamente los ojos verdes. Llenitos de sombras raras. Se queda con la falda apretada y los zapatos de tacón medianamente altos. Le digo, susurrando, que está muy buena. Pero ella ya lo sabe. Inmediatamente se sienta en el borde de la amplia cama triple y baja la bragueta de mi pantalón de tela. Aún no me he quitado la chaqueta ni la corbata.
Tengo la polla abultada, llena de leche que quiero derramarle sobre su preciosa cara, despues de follarmela. Es el viejo ritual. Ella empieza a lamerme con lentitud.
Le digo que se ponga las gafas de sol. Me dice que no la dejan ver bien. Le contesto que no hay nada que ver así que se las ponga, porque me excita sobremanera que me la chupen con gafas de sol. Ella lo hace.
Anette es un encanto. Por nada del mundo cambiaría yo de acompañante.
Ahora mi polla vibra entre los labios de Anette como si hubiera enloquecido. Y suena el telefono.
Es la recepcionista. Su voz tiene un sonido de seda que se arrastra sobre un pasillo de mármol.
Me dice que subirá una botella de champán, cortesía de la casa.
Cuando las recepcionistas, chicas guapas con morbo de azafatas, ven entrar a un cincuentón acompañado de una chica con piernas largas y pechos comparable a los de cualquier sex symbol, se imaginan lo mejor. Dinero, Dom Perignon, buena coca y sexo sin compromiso, largas tardes soñolientas con las tetas al aire en algún lugar de la Costa Azul. Sobre todo, una vida resuelta, y aquella película, Viuda Negra, con Kathleen Turner cuando tenía las piernas más guapas del mundo y el wiski todavía no le había embotado la cara. Se ven a ellas mismas asesinando al cincuentón de mil maneras diferentes y sutíles, y jubilandose en Hawaii a los veintisiente con toda una fortuna heredada del simplón.
Por eso una sonrisa de una recepcionista de hotel de cinco estrellas de verdad, siempre es algo inquietante.
Anette es un bombón y no se deja intimidar por la rubia detrás del mostrador. Hay una tensión eléctrica entre las dos. La rubia me entrega la tarjeta- llave de la suite, mirandome a los ojos. Leo su mirada, que me dice:"ya me imagino las guarradas que vais a hacer en esa suite de lujo" y le contesto con la mía " si te apetece, mando a esta de compras un ratito y te subes a hacerme una mamada. Ya sabes que el cielo está siempre en un tercer piso"
Subimos.
Anette se quita la blusa y el sostén. Lo cierto es que hace calor. Enciende un pitillo. Por sus gestos al fumar se ve que es una chupona de lo más avezada. Entorna languidamente los ojos verdes. Llenitos de sombras raras. Se queda con la falda apretada y los zapatos de tacón medianamente altos. Le digo, susurrando, que está muy buena. Pero ella ya lo sabe. Inmediatamente se sienta en el borde de la amplia cama triple y baja la bragueta de mi pantalón de tela. Aún no me he quitado la chaqueta ni la corbata.
Tengo la polla abultada, llena de leche que quiero derramarle sobre su preciosa cara, despues de follarmela. Es el viejo ritual. Ella empieza a lamerme con lentitud.
Le digo que se ponga las gafas de sol. Me dice que no la dejan ver bien. Le contesto que no hay nada que ver así que se las ponga, porque me excita sobremanera que me la chupen con gafas de sol. Ella lo hace.
Anette es un encanto. Por nada del mundo cambiaría yo de acompañante.
Ahora mi polla vibra entre los labios de Anette como si hubiera enloquecido. Y suena el telefono.
Es la recepcionista. Su voz tiene un sonido de seda que se arrastra sobre un pasillo de mármol.
Me dice que subirá una botella de champán, cortesía de la casa.
lunes, 4 de julio de 2011
EL VENCIDO
Trata de no cabrearse.
Acaba de acusarle, otra vez, de no hacer nada. Y él sabe que lo hace para desesperarle. ¿Quién limpió los baños ayer? ¿Quién puso al niño a dormir leyendole historias?
Pero la mujer no reconoce nada. Nunca está satisfecha.
Lleva años criticándole, hasta el punto de que a él ya no le queda nada de su vieja autoestima. Se ha convertido en una especie de fantoche lleno de desprecio por si mismo. Y, finalmente, advierte que desde el principio ella quería, instintivamente, destruirle. Lo ha logrado. He ahí el verdadero proposito, la verdadera razón de ser de un matrimonio.
Ahora, en este momento en que ella no está, alterna la rabia con el llanto. Mira desde la ventana del pisito las cumbres de las cordilleras.
Un día se irá- Pero no hoy. Entonces se enterarán todos de quien era él.
Acaba de acusarle, otra vez, de no hacer nada. Y él sabe que lo hace para desesperarle. ¿Quién limpió los baños ayer? ¿Quién puso al niño a dormir leyendole historias?
Pero la mujer no reconoce nada. Nunca está satisfecha.
Lleva años criticándole, hasta el punto de que a él ya no le queda nada de su vieja autoestima. Se ha convertido en una especie de fantoche lleno de desprecio por si mismo. Y, finalmente, advierte que desde el principio ella quería, instintivamente, destruirle. Lo ha logrado. He ahí el verdadero proposito, la verdadera razón de ser de un matrimonio.
Ahora, en este momento en que ella no está, alterna la rabia con el llanto. Mira desde la ventana del pisito las cumbres de las cordilleras.
Un día se irá- Pero no hoy. Entonces se enterarán todos de quien era él.
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