Es hora de observar como cuando vulelves la esquina
la realidad cambia y eres otro,
repentinamente maravillado por tu transformación.
Los recuerdos se han borrado y queda una mar pura,
sin secuelas de muerte, sin avidez de olvido.
Solo una transparencia vestal , como la de la luz que preludia la primavera.
¿Ha renacido el mundo ? ¿No hay miedo, guerras, hambre?
Tú has vuleto aquella esquina y ya no eres el mismo.
No te recuerdas y por delante tienes otra historia,
un tiempo resurgente, nuevo, límpido, como ojos recien llegados.
Es hora pues de perder la tristeza, hundir el pensamiento en el agua rutilante
que por el viento fluye, de refrescar la lengua es este amor que llega con la nieve, en esta
infancia que se deja ver en todo, alegría tangible.
Cuerpo resuelto, fresco, nervudo como las brechas de la roca
por donde desciende el agua purificada de los neveros,
recien hecho, hierba alzada de pronto plena de aroma y rocío, savia.
Se han sumido en la inexistencia los rostros que te agobiaban,
las voces de los muertos, la culpabilidad.
El velero raudo de la nueva vida,
de la existencia transformada en placer y libertad te avanza
a un mundo repleto de misterios
sobre las altas ondas azul turquesa.
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