jueves, 14 de julio de 2011

FOLLANDO A ANETTE

Me he llevado a Anette a Madrid, a un hotel de cinco estrellas en la calle Goya.


Cuando las recepcionistas, chicas guapas con morbo de azafatas, ven entrar a un cincuentón acompañado de una chica con piernas largas y pechos comparable a los de cualquier sex symbol, se imaginan lo mejor. Dinero, Dom Perignon, buena coca y sexo sin compromiso, largas tardes soñolientas con las tetas al aire en algún lugar de la Costa Azul. Sobre todo, una vida resuelta, y aquella película, Viuda Negra, con Kathleen Turner cuando tenía las piernas más guapas del mundo y el wiski todavía no le había embotado la cara. Se ven a ellas mismas asesinando al cincuentón de mil maneras diferentes y sutíles, y jubilandose en Hawaii a los veintisiente con toda una fortuna heredada del simplón.


Por eso una sonrisa de una recepcionista de hotel de cinco estrellas de verdad, siempre es algo inquietante.


Anette es un bombón y no se deja intimidar por la rubia detrás del mostrador. Hay una tensión eléctrica entre las dos. La rubia me entrega la tarjeta- llave de la suite, mirandome a los ojos. Leo su mirada, que me dice:"ya me imagino las guarradas que vais a hacer en esa suite de lujo" y le contesto con la mía " si te apetece, mando a esta de compras un ratito y te subes a hacerme una mamada. Ya sabes que el cielo está siempre en un tercer piso"


Subimos.


Anette se quita la blusa y el sostén. Lo cierto es que hace calor. Enciende un pitillo. Por sus gestos al fumar se ve que es una chupona de lo más avezada. Entorna languidamente los ojos verdes. Llenitos de sombras raras. Se queda con la falda apretada y los zapatos de tacón medianamente altos. Le digo, susurrando, que está muy buena. Pero ella ya lo sabe. Inmediatamente se sienta en el borde de la amplia cama triple y baja la bragueta de mi pantalón de tela. Aún no me he quitado la chaqueta ni la corbata.


Tengo la polla abultada, llena de leche que quiero derramarle sobre su preciosa cara, despues de follarmela. Es el viejo ritual. Ella empieza a lamerme con lentitud.


Le digo que se ponga las gafas de sol. Me dice que no la dejan ver bien. Le contesto que no hay nada que ver así que se las ponga, porque me excita sobremanera que me la chupen con gafas de sol. Ella lo hace.


Anette es un encanto. Por nada del mundo cambiaría yo de acompañante.


Ahora mi polla vibra entre los labios de Anette como si hubiera enloquecido. Y suena el telefono.


Es la recepcionista. Su voz tiene un sonido de seda que se arrastra sobre un pasillo de mármol.


Me dice que subirá una botella de champán, cortesía de la casa.

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