lunes, 4 de julio de 2011

EL VENCIDO

Trata de no cabrearse.
Acaba de acusarle, otra vez, de no hacer nada. Y él sabe que lo hace para desesperarle. ¿Quién limpió los baños ayer? ¿Quién puso al niño a dormir leyendole historias?
Pero la mujer no reconoce nada. Nunca está satisfecha.
Lleva años criticándole, hasta el punto de que a él ya no le queda nada de su vieja autoestima. Se ha convertido en una especie de fantoche lleno de desprecio por si mismo. Y, finalmente, advierte que desde el principio ella quería, instintivamente, destruirle. Lo ha logrado. He ahí el verdadero proposito, la verdadera razón de ser de un matrimonio.
Ahora, en este momento en que ella no está, alterna la rabia con el llanto. Mira desde la ventana del pisito las cumbres de las cordilleras.
Un día se irá- Pero no hoy. Entonces se enterarán todos de quien era él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario