Era un día caluroso, de travesías errabundas por la parte más destartalada de la ciudad, por los tugúrios donde sirven cerveza desalmada y barata.
En uno de ellos tuve la mala suerte de encontrarmelos. El era un tipo alto y fuerte, un guaperas de pelo negro y cara angular, con los ojos algo rasgados. Ella, una rubia más bien delgada, pero muy atractiva. Las piernas largas, la cintura estrecha, atléticos hombros y muslos, y un rostro de ángel perturbado y hermoso, con los ojos febríles, eléctricos. Estaban devastados de no dormir y beber. De tanto beber, habían recuperado ya una lucidez temblorosa y alucinada.
-Ah, español- dijo él- muy romántico, el caballero español: pero creo que eres demasíado viejo para mi Brenda
-El es finlandés-comentó Brenda, con tal intensidad que podría haber estado diciendome algo vital- Un chico agradable, pero no folla bien.¨
- Pues habrá que deshacerse de él. No follar bien es un inconvenientepor donde lo mires.
-Y tú, ¿follas bien?- me preguntó acercandose a mi, deslizando el trasero sobre el banco liso y alargado donde estabamos sentados. Sus piernas perfectamente moldeadas colgaban una a cada lado del banco, y se puso tan cerca de mi que su vientre tocaba el mío y sentí su aliento en mi rostro. Puso sus dos manos sobre mi cintura.
-Estoy prendada de tí. -susurró, mientras el finlandés nos miraba con una sonrisa idiota.
- Vale, ¿qué dices si nos deshacemos de éste y nos vamos a mi cuarto de alquiler?. Tengo vino y un camastro con colchas color naranja.
-¿Qué clase de vino tienes, españolito elegante?- preguntó.
- Del que viene en caja de cartón. Emborracha.
- Pero es que a él no lo puedo dejar en la cuneta tirado.
-¿Y por qué no? No folla bien. A la puta cuneta.
-Es mi marido. Va a donde yo voy.
-¿Siempre?
-Casi.
-Oye, tú- le dije- la chica tiene ganas de venir conmigo. ¿te molesta?
- Inmensamente-dijo él. Incluso es posible que te mate. Tengo un revolver, ¿sabes?
-Dejame verlo, joputa.
Sacó de su chaqueta blanca y sucia un viejo revólver, de pinta insolente y pesada. Un hilillo de cerveza le caía por la comisura de los labios.
-Es de suponer que ya te has cargado a más gente.-dije.
- No. Un día seguro que me cargo a Brenda. No me es fiel.
- Es que no follas como debes, tío. Aunque no sé que esperaba Brenda de un finlandés. Es como aparejarse con una plantita de tila.
-Tú eres muy cabrón, españolito. ¿Cómo te ganas la vida, se puede saber?
- Me llamo Fidelius, eunúco. Soy artista. Así que respeto.
- Seguro que eres un pésimo artista, hagas lo que hagas. ¿Te gusta mi mujer?
- Me encanta.
Brenda me hacía carantoñas. Ahora tenía la impresión de que la había visto anteriormente. Quizás en un sueño, pero más probablemente en un magazine de pornografía. Sí, eso era, en las tardes languidas y soleadas de una juventud solitaria y perdida, me había masturbado contemplando el dulce rostro de brenda en una revista sucia. Estabamos en Los Angeles. Era del todo factible. Ahora ella era más vieja. Pero yo también. Estaba borracho y pensé que me había enamorado de ella. Quizá fuera cierto, puesto que estaba sufriendo una especie de profunda nostalgia por su cuerpo terso y un poco pasado.
Los borrachos decímos cosas poéticas a veces, así que le solté:
- ¿Cómo amarte, si eres como la tierra yerma?. El sol te ha quemado. La sonrisa de la juventud ya ha huido de tu boca. Solo un solitario desesperado como yo puede amarte. Puesto que en realidad ya no eres bella.
-Eres un gilipollas, Fidelius-me dijo el finlandés´A ese paso no te la follas y te ganas unas hostias de parte mía, además ¿qué te parece?.
Bueno, había llegado la hora de la violencia. Nunca tardaba en llegar. Ya tenía la mitad de mis dientes quebrados por puños de cabrones que se enfadaron conmigo. Podía perder otros cuantos sin que mi sonrisa sen afeára mucho más.
- Tú te crees que me voy a follar a Brenda mientras tú miras y te la cascas, maricón nórdico. pero yo soy un purista. No hago esas cerdadas, sobre todo si no me pagan por ello, y tú no tienes dinero.
Se levantó y me lanzó un puñetazo a la cara que no llegó a alcanzarme. En su esfuerzo, perdió pie y se cayó de culo. Yo le solté una patada en la cara con la punta de mi zapato de charol perforado, y su nariz explotó como una puta granada. Brenda gimió como si le hubiera atizado a ella, lo cual nunca hubiera hecho porque la amaba de veras, por lo menos en aquellos momentos.
-Eres un hijo de puta celoso y debiera descerrajarte un tiro con la pistola de mi marido.
- Seguro que no funciona- le espeté-
El dueño del tugurio, un sudamericano que decía descender de murcianos y tenía cara de inca pero con ojos azules, me puso el brazo alrededor del hombro.
-Largate, Fidelius. ¿No ves que están como cabras? Largate antes de que ese loco te dispare.
-Brenda, ¿te vienes conmigo?´Pregunté.
- Que te den. contestó ella.
Y salí del tugurio a la luz cegadora del sol, refractada en el pavimento y en las cristaleras de algunos rascacielos. Brenda, pensé, había sido muy bonita en tiempos. De todas formas, el finlandés era un tipo con suerte.