A veces salgo de la vida
como quien da la vuelta
y se mete en un callejón
solitario.
La nieve se viene conmigo,
cayendo con tal dulzura,
copito a copo silencioso,
manso.
Me salgo de la vida pobre
y rutinaria, de costado,
al mar de los dias danzantes
del pasado.
Y sobre la cuerda floja
suspendida entre vida y muerte
me aguardas tú, sobre un abismo
avanzando.
Yo soy del todo transparente
como quien ha trascendido
y en torno a tí cintíla la luz
del olvido.
Nunca diremos las memorias
que al ánima desnudarían:
solo aquellas que a nadie agravien
de ser oídas.
La nieve bajo nuestras plantas,
blanco pristíno,
los labios rojos de besos
y vino,
evanescentes como aves
que en un horizonte marino
trazan sus vuelos circulares
sin destino.
Yo que habré de morirme un día
en un autobús hacia el norte.
Tú, que de pura y larga ausencia
serás mi muerte.
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