Nada les resulta imposible.
Enferma, un día dejaría a Klara, única y gran amiga, que, como yo, nació y creció en estos bosques.
Recuerdo a Klara desde siempre. La veo frecuentemente en sueños. Así por la eternidad. ¡Amada amiga!.
Ayer, por primera vez, me invitó a su casa: es un palacete arruinado, en lo más sombrío del bosque.
Allí me tumbó en su lecho y susurró en mi oído: "no voy a dejarte morir".
La dentellada dolorosa fué seguida por un dulce torpor.
Hoy nos reíamos juntas, frente a un gran espejo ovalado que ya nunca podrá reflejar nuestras imagenes.
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