Primero
nada en los lerdos símbolos del ego
como un rostro que quiere descubrirse
del todo en un espejo.
Luego
la poesía se acerca desde afuera
sorprendiendola
y sin contemplación, quiebra el espejo.
Y ahora, realizada, la joven poetísa
ya escribe de otras cosas
y no, exclusivamente, de sí misma.
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