Incumbe a quien escribe procurar no dejar que lo malvado de la naturaleza humana se filtre a sus escritos y emponzoñe la personalidad de los jovenes lectores.
Grandes escritores de pasado, como Herman Melville o Mark Twain, ya combatían, con la palabra, la lacra universal del racismo. Otros, desde Shakespeare y Cervantes a Bécquer e incluso a algunos contemporáneos nuestros, usan las palabras para incitar al racismo.
Esto que sigue es del cuento La Rosa de Pasión, de Bécquer:
"...tenía hace muchos años su habitación, raquitica, tenebrosa y miserable como su dueño, un judío llamado Daniel Leví.
Era este judío rencorosos y vengativo como TODOS LOS DE SU RAZA, pero más que ninguno engaÑador e hipócrita"
Viniendo de un señor tan supuestamente inteligente y sensible como Adolfo Bécquer, tal falta de humanidad y de visión me ofende y me decepciona.
Yo fúi, en mi temprana juventud, un enamorado de sus Rimas y Leyendas. Aquel sublíme poeta era, en toda la literatura española, el único, junto con Valle Inclán, el celta autor de los cuentos de Jardín Umbrío, que había hecho de lo fantástico su tema más trabajado.
Edgar Alan Poe, el padre del cuento gótico, romántico y terrorifico, tambien había introducido en sus escritos propaganda racista, e incluso perteneció a grupos del sur de Estados unidos que trabajaron para la perpetuación de la esclavitud.
Como si de una enfermedad de los autores más imaginativos se tratara, tambien Lovecraft padeció de una poco solapada inclinación a la xenofóbia.
He tenido, con el tiempo y la evidencia, que reconocer a estos escritores como mucho más mediocres de lo que a primera vista parecen, y aquejados por una vena racista que a duras penas controlan y que aparece aquí y allá en sus páginas. Por eso, ya no los léo. Ni siquiera puedo ya respetarles.
Cuando pienso en la acendencia húngara de Bécquer, incluso, y en la historia de Hungría en general, me pregunto si no llevaría ese racismo que lo empequeñece, en sus genes. ¿Habría escrito así sobre los judíos si supiera lo que se avecinaba en Europa? ¿El inminente holocausto que trería el infierno a la tierra en pleno siglo XX? Claro que un preludio de ese infierno ya había ocurrido en la España de la Inquisición, no solo con la persecución de herejes judíos y musulmanes, sino tambien con la destrucción sistemática de todo vestígio visible de su influencia en la personalidad del país.
Bien , los españoles modernos estamos bastante comodos con esos hechos y ni pensamos en ellos. No nos interesa mucho la historia, en general, como en general nos interesa muy poco nada que tenga que ver con el verdadero intelecto.
Sin embargo, la memoria sale al camino a encontrarnos.
Es el caso de un profesor de lengua española, que de pronto, allá por la década de los sesenta, en un instituto asturiano, les contó a sus alumnos que además de ser un grande de las letras españolas, Gustavo Adolfo Becquer, lo mismo que cervantes, había sido un cabrón racista, que no perdió oportunidad de vilificar a una raza o dos. Añadía que eso de que había que excusar las transgresiones racistas de ciertos genios literarios dado el contexto y la época en que escribían, era una estupidez. Porque en toda época existieron otros escritores que se mantuvieron firmes contra el racismo. Y para acabar la disertación que sería la razón de su expulsión del sistema educativo, aseguró que la mayoría de los heroes cuya magnificencia era exaltada en la aulas de toda españa eran una pandilla de asesinos que habían sido bastante cortos de entendederas, y sin escrúpulos, como serían los ejemplos de don Rodrigo Díaz de Vivar, Cristobal Colón, etc...
¿Qué fué de aquel maestro tan peculiar? Todo el mundo decía que el pobre se había vuelto loco.
Era por las cosas tan raras que decía que acabó, al parecer, ingresado a la fuerza en una institución.
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