domingo, 6 de febrero de 2011

ahora

te amaría más bien ligeramente.
Con levedad. Rozandote apenas.
Con un contacto raudo como de ave,
o de nieve que te besa el rostro
y se evapora.
Como el viajero ama un paisaje
que vió, pero no para quedarse.
Te querría con un amor de fiesta,
que cuando acaba no te hiere,
que no cuesta olvidar, y sin embargo
no se olvida: un amor de juguete,
igual que aquel caballo colorado
de goma, la muñeca
que hablaba, aquel triciclo blanco.

te amaría, ahora que es tarde,
con un amor que no
te robase la sonrisa,
que no te pusiera
pálida
de pena.

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