miércoles, 2 de febrero de 2011

insatisfacción

Volver a la patria es morir. Eso escribió James Joyce. Y, cuando la opción de regresar a España se presentó en mi vida, la consideré muy en serio.
En realidad, yo no tenía ya vínculos con mi país de origen. Mis padres habían emigrado apenas cumplí los once años. Toda mi vida había transcurrido en un país de lengua inglesa. Y sin embargo no había desaparecido aquella vieja nostalgia por mi tierra, como si me la hubiesen robado, privandome de un destino que quizá hubiese sido mejor de haber permanecido allí.
En resumen: a lo largo de los años había soñado con regresar.
Y llegó un momento en que mi vida cambió. Fué un cambio sutil, pero radical. Un día, más bien una noche, con nieve azotando las calles en espirales gélidas, solo, completamete solo en aquella calle sin gente, y en la vida misma, tuve una clara visión del mar de Asturias, y pensé que era hora de alejarme de quien había sido y acercarme a aquel azul que se precisaba en mis sueños, en recuerdos rumorosos.
La nieve me helaba el rostro, congelaba mi cabello. Pensé: todo había pasado ya. Mi padre había muerto, mi matrimonio se había deshecho. Yo era un hombre que se enfrentaba de pronto al peso de medio siglo desperdeiciado o malogrado, según se mirase.
¿Y si volviera a mi país?
Supe inmediatamente que aquello sería futil. España no era ya mi país. No tenía historia allí.
En Norteamerica, la gente busca a otros de su propia especie. Los europeos acaban bebiendo juntos, perdonandose unos a otros sus constantes insultos, sus melancolías y estupideces. Alan, aquel inglés con quien escuchaba ópera en su jardín mientras nos emborrachabamos con jerez dulce, me lo había dicho:"nunca cometas el error, común entre los expatriados, de creer que un hombre es ciudadano del país donde es enterrado. Nada hay más falso. Se es ciudadano del país donde bebes con tus amigos, y punto. Si vuelves a España tú, o yo a Inglaterra, ni las paredes nos reconocerán. Ya hemos superado toda aquella mierda y ahora somos parte de la nieve en los bosques vacíos de gente, parte de esta tierra donde no hay nada de historia, solo el viento ululando a traves de pinares infinitos."
Pero volví. Volví a España-
Uno lleva los lugares por los que pasa, en los que vive, dentro de la cabeza. Y el lugar dentro de mi cabeza, al final, era demasiado grande para que cupiese en España.
Y una libertad que se ahoga día tras día dentro de mi pecho amenaza con estrecharme el corazón, con hacerme ciudadano de una tumba.
Hora de escapar...¿hacia dónde?

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